MINIAN
En el marco de la vida religiosa judía, se llama minián (en
hebreo: "número" o "cantidad") al mínimo de personas necesarias para
la oración en público: diez varones mayores de edad, vale decir, que ya cumplieron su
Bar Mitzvá. Para casos de emergencia, cuando sólo hay nueve presentes, según una
opinión rabínica que no todos aceptan, también se puede suplir al décimo hombre con un
niño mayor de seis años, siempre que éste sepa un poco de qué se trata en las
plegarias que se elevan a Dios.
Como origen de esa costumbre y del número de diez personas, se
señalan diversos pasajes bíblicos. Así, por ejemplo, cuando Dios decide destruir a
Sodoma y Gomorra, y Abraham sale en defensa de esas ciudades, el patriarca Ilega en su
alegato hasta la cantidad mínima de diez hombres justos. Y Dios le responde: "No
destruiré (esas ciudades) por mérito de los diez" (Bereshit - Génesis 18.32).
(Sodoma y Gomorra acabaron por ser arrasadas, a pesar de esto, porque no había en ellas
ni siquiera un total de diez hombres justos).
Otro ejemplo bíblico que se trae a colación, es el grupo de personas
que Báz reúne en la puerta de su ciudad, como quórum necesario para la gestión legal
que quiere exponer ante ellos: "Y tomó diez hombres de los ancianos de la
ciudad..." (Rut 4.2).
En la vida sinagogal se necesita minián para leer en público la
Torá, para recitar diversas plegarias, como ser la Kedushá y el Kadish, para la
ceremonia de la bendición de los cohanim o sacerdotes, y para otros ritos más.
La exigencia del minián muchas veces es particularmente dolorosa en la
Diáspora, en localidades pequeñas o de escasa población judía, donde frecuentemente no
hay disponibles - o no existen del todo - los diez varones necesarios para la oración. En
Israel, en cambio - donde en las zonas judías todos los hombres adultos son candidatos en
potencia para el minián, caso de necesitarse algunos más para completar el número de
diez - esta necesidad se siente menos.
Incluso había sitios donde los intendentes de las sinagogas invitaban
a personas pensionadas, incapacitadas, sin trabajo u otras por el estilo, a participar
todos los días en los servicios religiosos de la mañana y de la tarde - aún
pagándoseles un honorario por ello - para que de este modo quedara asegurada la
concurrencia de un minián cotidiano en la sinagoga, y por ende, la celebración de los
servicios religiosos todos los días del año (y no solamente los sábados y días
festivos).
En el Talmud, a estos diez se los solía llamar batlanim,
"personas desocupadas", y al respecto leemos allí: "¿Cuál es una ciudad
grande (desde el punto de vista de las instituciones judías que actúan allí)? Toda
aquélla en la que hay diez batlanim; con menos de eso se considera aldea" (Tratado
Meguilá, Cap. I Mishná 3).
Además, desde tiempos muy antiguos el judío sentía aversión al acto
de contar las personas. Aún en los censos que se realizaban, a veces éstos consistían
en que cada censado entregaba una moneda, y eran éstas lo que se contaba. De ahí que,
cuando están reunidos para la oración y quieren saber si ya están presentes los diez
hombres del miníán, los judíos no cuentan directamente "uno-dos-tres, etc."
sino que cada comunidad ya tiene elegido por tradición algún versículo de diez
palabras, tomado de la Biblia, de las plegarias o de alguna otra fuente por el estilo, y
pronuncian en voz alta ese pasaje, destinando un vocablo a cada uno de los presentes. Si
alcanzan a terminar el texto, es señal de que ya hay diez o más varones presentes para
el minián, y en consecuencia, de que la oración ya puede empezar.