EL CALENDARlO
HEBREO
Ya el primer capítulo de la Biblia nos cuenta que cuando Dios
creó las diversas luminarias del cielo - el sol, la luna, las estrellas su intención era
que estos astros sirvieran para indicar la marcha del tiempo: "Para distinguir entre
el día y la noche, y que sean por señales y fechas, para días y años" (Bereshit -
Génesis 1.14).
Más tarde fue creado el hombre, y desde aquella lejana época hasta el
presente, se cumple al pie de la letra ese propósito divino: la medida del tiempo y la
división del mismo, es calculada por el hombre a partir de los diversos fenómenos
celestes (la salida y puesta del sol; la luna y sus fases, la tierra y sus órbitas,
etc.).
Los grandes astrónomos del antiguo Medio Oriente fueron los
babilonios, y de ellos adoptó el pueblo judío buena parte de los elementos que integran
hoy el calendario hebreo. Este aprendizaje se inició con el exilio que, por la fuerza,
llevó a muchos miles de judíos como prisioneros de guerra hacia Babilonia, después que
Nabucodonosor, el rey de ese país, destruyera el Templo de Jerusalén en 586 a.C. (antes
de la era común).
En la época bíblica previa a ese funesto acontecimiento, los antiguos
hebreos tenían un calendario diferente. Los nombres de los meses no eran los que usamos
hoy, y sólo esporádicamente hay esparcidas a lo largo del texto algunas referencias al
mismo, insuficientes para poder reconstruirlo con exactitud: Además, las edades que
algunos libros de la Biblia atribuyen a diversos personajes (por ejemplo, al famoso
Metushélaj o Matusalén, que vivió 969 años, según Bereshit - Génesis 5.27) nos
llevan a sospechar que la unidad "año" con que se midió su edad, fue diferente
- mucho más corta - de la que usamos hoy.
Tal como quedó establecido hasta el presente, la unidad básica del
lúaj, el calendario judío, es la semana que culmina con el día Shabat o sábado, y el
mes lunar que comienza a contarse a partir de cada novilunio. Ya la misma etimología de
los dos vocablos hebreos que usamos para expresar la idea de "mes" nos señala
ese vínculo con la luna nueva: jódesh (de jadash, "nuevo") o iéraj (de
iaréaj, "luna").
El mes lunar - este tiempo que media entre una luna nueva y la que le
sigue - es de 29 días y medio, aproximadamente, y el inconveniente de la fracción se
supera fijando en el calendario hebreo 30 días para algunos meses, y 29 para otros. El
día en que comienza un nuevo mes se llama Rosh Jódesh, "cabeza de mes". Cuando
el mes precedente tuvo 30 días, se celebran como Rosh Jódesh este último día 30 y el
día 1' del mes que sigue, vale decir, dos días. En tiempos antiguos, Rosh Jódesh daba
lugar a festejos especiales en el pueblo de Israel; hoy día se lo rememora más
modestamente, sólo con ciertas oraciones especiales que se recitan en la sinagoga.
El total de 12 meses lunares suma 354 días y medio, vale decir que el
año lunar es unos 11 días más corto que el año solar de 365 días y fracción que
contamos en el calendario gregoriano o común.
Las cuatro estaciones del año, y su repercusión en la Naturaleza y en
la agricultura (primavera, verano, siembra, cosecha, etc.) se rigen por el calendario
solar.
Por otra parte, la Biblia establece que por ejemplo Pésaj, la fiesta
que evoca el éxodo de los hijos de Israel de Egipto, debe celebrarse en el "mes de
la primavera" (Shemot - Exodo 23.15).
Si se dejara acumular varios años seguidos esa diferencia de 11 días
y fracción entre el año lunar y el solar, nos encontraríamos un buen día con que al
cabo de cinco o seis años, por ejemplo, Pésaj estaría alejado 55 0 66 días de la
primavera del año solar, es decir que se lo celebraría en pleno invierno.
Para evitar semejantes distorsiones, nuestros sabios han ideado un
sistema por el cual, con los once días "superfluos" del año lunar con respecto
al solar, cada tanto se integra un nuevo mes, Adar Bet o Adar Shení (el segundo mes de
Adar), que se añade a los otros doce del calendario judío.
De tal modo, resulta que algunos años hebreos son embolismales (mal
llamados "bisiestos" por algunos), o sea que cuentan con 13 meses en vez de 12.
El sistema completo de coordinación entre los dos calendarios está organizado en ciclos
de 19 años solares o gregorianos, durante los cuales 7 años lunares o judíos llevan ese
agregado de un mes más. Y al cabo de cada 19 años, vuelven a coincidir - a veces, con la
diferencia de un solo día - una fecha gregoriana con su correspondiente fecha hebrea, tal
como en 1986 coincidió el 5 de Iyar, Día de la Independencia del Estado de Israel o Iom
Ha-Atzmaut, con el 14 de mayo en que esta independencia fue proclamada en 1948, vale
decir, 38 años atrás, dos veces el ciclo de 19.
Para la iniciación del año hebreo hay dos criterios: según la
Biblia, "este mes (el de la salida de Egipto: Nisán, por marzo - abril) os será
principio de meses, el primero de los meses del año" (ShemotExodo 12.2). Pero
posteriormente la tradición judía ha establecido el comienzo del año en Tishrí (por
setiembre - octubre), como se verá al hablar de la fiesta de Rosh Hashaná, por
considerárselo el mes en que Dios creó el mundo. El criterio universalista se impuso al
criterio meramente nacionalista...
Los nombres Tishrí, Nisán y todos los demás que se verán a
continuación en la enumeración de los meses del calendario hebreo, son de origen
babilonio. La nómina completa es la siguiente:
TISHRI (30 días) MARJESHVAN o JESHVAN (29 0 30 días) KISLEV (29 0 30
días) TEVET ' (29 días) SHEVAT (30 días)
ADAR (29 días) (Pero 30 días cuando le sigue:) ADAR
SHENI, ADAR BET o VE-ADAR (29 días), el mes agregado del año
embolismal.
NISAN (30 días) IYAR (29 días) SIVAN `. (30 días) TAMUZ (29 días) ~
AV (30 días) ELUL (29 días)
Antiguamente era el Sanedrín quien anunciaba el comienzo del nuevo
mes, cada vez que, próxima la época de'. novilunio, se presentaban ante sus jueces un
mínimo de dos testigos fidedignos que afirmaban haber visto en el cielo la luna nueva.
En tiempos del segundo Templo, cuando parte del pueblo judío ya vivía
en la Diáspora de Babilonia, el Sanedrín les comunicaba la noticia del comienzo del
nuevo mes mediante el encendido de hogueras en la cúspide de una serie de montañas que
se extendían desde Judea hasta la Mesopotamia. Las maderas y los hombres ya estaban
preparados desde antes, y apenas se elevaba el primer fuego en un monte cercano a
Jerusalén, como en cadena se encendían las otras hogueras y la noticia llegaba bien
pronto a los judíos del extranjero.
Más adelante surgieron dificultades en este sistema de transmisión, y
entonces se comunicó la noticia enviando mensajeros a los judíos de la Diáspora. °
Y a mediados del siglo IV e.c (era común), cuando el surgimiento del
incipiente Cristianismo repercutió en trabas y represalias cada vez más enérgicas
contra los judíos por parte de los emperadores romanos, finalmente el Presidente del
Sanedrín de aquellos días, Hilel el Segundo reveló en público las normas que rigen el
calendario hebreo (y que hasta entonces habían sido guardadas en secreto, de modo que
todos los judíos, tanto los de Tierra Santa cuanto los de la diáspora, supieran en el
futuro establecer por sí solos el calendario con sus fiestas, sin estar pendientes de
comunicaciones del Sanedrín, que a veces no alcanzaba a llegar a tiempo.
Pero una costumbre de aquellas lejanas épocas quedó en pie hasta el
día de hoy, y es la del Iom Tov Shení shel Galuiot, el "Segundo día de fiesta de
la Diáspora".
Porque en esencia, el problema fundamental de cada nuevo mes judío
radicaba en saber si el mes que le precedía había sido de 29 días o de 30, vale decir,
si al día 29 le seguía el día 30 del mismo mes, o ya el 1' del mes siguiente. Para
cubrir las dos eventualidades, se acostumbraba observar en la Diáspora cada fiesta judía
dos días en vez de uno, pues así se tenía la seguridad de que uno de los dos días
celebrados, por fuerza tenía que ser el correcto. De ahí la doble celebración de las
fiestas en la Diáspora, que veremos al hablar de ellas más adelante. Excepción a esta
norma era Iom Kipur, día de ayuno completo: no se podía exigir de los fieles un ayuno de
48 horas.
Y a pesar de que después de la revelación de Hilel ya no quedaban
más dudas acerca de la fecha exacta de las fiestas tampoco en la Diáspora, la costumbre
del doble feriado en las colectividades fuera de Israel sigue observándose, por
tradición, hasta el presente.
Aunque algunas comunidades judías de ideas más avanzadas, consideran,
no sin fundamento, que a esta altura del siglo veinte, con sus satélites artificiales y
cohetes interplanetarios - y por supuesto, con tablas astronómicas modernas que señalan
con precisión de fracción de segundos el instante exacto de la luna nueva de cada mes no
hace falta perpetuar las dudas de otrora acerca de nuestro calendario, y su consecuencia:
el doble día de fiesta diaspórico. Y por lo tanto, allí se celebran las fiestas judías
como en Israel, en los días indicados por la Torá, sin extenderlos a festejos de días
dobles.
Otro detalle importante que deben tomar en cuenta quienes establecen,
año tras año, nuestro calendario (y los hay ya preparados de antemano hasta bien entrado
el siglo XXI) es que cierto tipo de fechas no pueden darse determinado día de la semana.
Así, por ejemplo, Iom Kipur, el Día del Perdón, no debe caer nunca en proximidad
inmediata de un sábado, es decir, un viernes o un domingo (porque habría que profanar
una de las dos fechas para preparar comida en el hogar). Y como consecuencia del 10 de
Tishrí (la fecha de Iom Kipur) que no puede darse nunca en viernes ni en domingo,
también hay muchas otras fiestas y fechas que tampoco caen en ciertos días de la semana.
Estos últimos, dicho sea de paso, se enumeran en hebreo en
coincidencia con los días de la Creación relatados en el primer capítulo de
Bereshit-Génesis: lom Rishón, Shem; Shelishí etc. ("Día primero - domingo -,
segundo - lunes -, tercero - martes -" etc.) hasta llegar al Shabat o sábado. El
viernes (Iom Shishí;"día sexto") también suele denominarse Erev Shabat,
"víspera del sábado".
La tradición judía ha rechazado enérgicamente cualquiera otra
nomenclatura para los días de la semana, porque todas ellas, en los diferentes idiomas
europeos, están vinculadas con el nombre de ciertos astros reverenciados como dioses por
los paganos, o con el nombre de ídolos paganos directamente: sunday, Sonntag (el sol)~
monday, lunes, Montag (la luna); martes (Marte); miércoles (Mercurio) etc.
La cuenta de los años es iniciada por la tradición judía con la
Creación del mundo relatada en la Biblia. Ha fijado para ello una cronología según la
cual al año de publicación del presente libro - entre setiembre de 1986 y setiembre de
1987 - le toca el número 5747. Al año uno de la era común le tocaría el 3760, de modo
que cualquier año judío posterior a la era cristiana se obtiene sumando esta cifra con
la del año gregoriano (así, p.e., 3760 más 1987 nos da el mencionado 5747); y si es
anterior a esa era, hay que restarlo de 3760. Los tres o cuatro meses que van desde
Rosh'Hashaná hasta la finalización del año civil el 31 de diciembre, ya hay que
contarlos como pertenecientes al año gregoriano siguiente).