Como ya lo dijimos al hablar del calendario
hebreo, la serie de estas tres fiestas se inicia con Pésaj (por marzo-abril), le sigue
Shavuot cincuenta días más tarde, y concluye con Sucot, poco después de Iom Kipur, a
partir del día 15 de Tishri; generalmente en octubre.
Lo que caracteriza a los tres Regalim es su
carácter de celebraciones agrícolas: Pésaj, fiesta de la primavera; Shavuot, de las
primicias, y Sucot, de la finalización de la cosecha. De modo que resulta un poco forzado
empezar aquí su estudio precisamente con Sucot, teniendo en cuenta que la cosecha es el
final del proceso de la siembra, iniciado muchos meses antes.
Y al mismo tiempo, cada uno de estos Regalim
también va asociado a acontecimientos históricos ocurridos con el pueblo de Israel en
los días de Moisés: Pésaj, al éxodo de Egipto; Shavuot, a la entrega de la Ley a
Moisés en el monte de Sinaí; y Sucot, al recuerdo de las cabañas o tabernáculos en que
vivieron los hijos de Israel durante los cuarenta años de la travesía del desierto.
Posteriormente, en tiempos en que el pueblo
de Israel vivió aquí, en Tierra Santa y gran parte de sus integrantes se dedicaban al
cultivo de la tierra - "cada uno debajo de su vid y de su higuera", como lo
cuenta la Biblia de una época que considera idílica, los días del reinado de Salomón -
el carácter agrícola de las tres Fiestas del Peregrinaje adquirió plena vigencia y
significación para los habitantes del país.
En la actualidad, en la Diáspora los
judíos viven casi todos una vida urbana, en ciudades grandes o pequeñas, de modo qué
allí se recalca especialmente el aspecto histórico de los tres Regalim. Sólo en el
Estado de Israel, donde la existencia de centenares de colonias agrícolas ha devuelto a
miles de judíos a la vida del campo, las tres Fiestas del Peregrinaje también recobran
paulatinamente su carácter de auténticos festejos agrícolas. Los frutos del campo dejan
de ser aquí solamente un símbolo sinagogal cultivado por otros y comprado por los fieles
en el mercado, para tornar a ser el producto feliz del trabajo que el mismo labrador que
los toma en la mano, logró arrancar con el sudor de su frente de las entrañas de la
tierra.
Desde el punto de vista de los sacerdotes y
levitas que actuaban en el Templo de Jerusalén los tres Regalim eran, al igual que Rosh
Hashaná y Iom Kipur, días festivos que tenían prescritos sus sacrificios especiales, y
ellos eran los encargados de ofrecer a Dios los diversos animales y demás ofrendas sobre
el altar. Este aspecto de nuestras fiestas quedó trunco hace dos milenios, desde que
Tito, general romano, destruyó el segundo Templo en el año 70 e.c. La enumeración de
los diversos sacrificios sólo se evoca oralmente en las plegarias de cada fiesta, o en la
lectura de la Torá de cada una de ellas, pero ya van diez y nueve siglos que no se los
ejecuta más en la práctica.
Sucot, Fiesta de las Cabañas: los
"tabernáculos" o ".cabañas" (en hebreo, sucot; en singular, sucá)
son los que dan su nombre a esta fiesta, y la Torá ordena construirlos "para que
sepan vuestras generaciones que (Yo, D's) he hecho habitar a los hijos de Israel en sucot
cuando los saqué de la tierra de Egipto" (Vayicrá - Levítico 23.43).
Además de esta evocación histórica, la
cabaña también está destinada a simbolizar, como vivienda frágil y endeble, la
fugacidad del paso del hombre por la vida.
Como median muy pocos días entre Iom Kipur
y Sucot - del 10 al 15 de Tishrí - nuestra tradición recomienda dar los primeros pasos
para la construcción de la cabaña, apenas terminado el Día del Perdón.
El elemento más importante de la sucá es
el techo de la misma, formado por sejaj, un "ramaje" en que intervienen las
ramas y hojas de diversos árboles. Nótese la afinidad etimológica de los vocablos
súcá - de una raíz S-K-H- y sejaj - de la raíz S-J-J (donde la K y la J no son sino
variantes de una misma letra del alfabeto hebreo, la caf. K es su sonido fuerte, J es el
más débil). Este sejaj que se coloca como techo no debe ser demasiado tupido; por entre
las ramas tienen que filtrarse algunos rayos de luz durante el día, y deben poder verse
algunas estrellas de noche.
Para sustentar este techo de ramas,
generalmente se construye una armazón de madera o de otros materiales. En Israel salen a
la venta armazones desarmables de metal o de plástico, que pueden volver a usarse de un
año para el otro. Y mientras que las ramas hacen las veces de endeble techo por arriba,
por los costados se deslizan hacia abajo las paredes de la sucá, que pueden ser meras
cortinas de tela, por ejemplo, o planchas de cartón. Tres de los cuatro costados de la
cabaña tienen que estar delimitados por "paredes" semejantes; el cuarto costado
puede quedar abierto del todo, a guisa de puerta de acceso a la sucá, o se lo cierra
sólo en forma parcial. Y el Talmud también establece las medidas mínimas o máximas que
debe tener una sucá para que su uso sea adecuado a esta fiesta.
Hoy día en el Estado de Israel, para
quienes viven en el campo, en kibutzim, moshavim (dos tipos de colonia agrícola
colectiva) o en sus propias tierras, levantar una sucá no representa ningún problema de
espacio. El hombre de la ciudad, en cambio, más limitado porque allí donde termina su
propia casa generalmente suele comenzar la del vecino, busca cualquier espacio libre
disponible para edificarla; a veces, en sociedad con ese vecino: un jardín, un patio, un
sitio reservado al estacionamiento de vehículos, o bien un balcón al aire libre o la
terraza del edificio. Del mismo modo, cada sinagoga - en Israel tanto como en la Diáspora
- procura ofrecer una sucá a los fieles que concurren a los servicios religiosos de esta
fiesta, levantándola también en algún patio interior, terraza u otro espacio al aire
libre.
La prescripción bíblica ordena que
"en las cabañas habitaréis durante siete días" (Vayicrá - Levítico 23.42),
y en el Talmud los sabios determinan que durante esa semana festiva el judío debe comer y
dormir en la sucá tal como suele hacerlo el resto del año en su casa. Pero en la
práctica generalmente se omite la parte del dormir, y sólo se sirven en la sucá las
comidas principales de la festividad, es decir, los almuerzos y las cenas. En las sucot
levantadas en sinagogas, después del servicio religioso se acostumbra ofrecer a los
fieles una copa de vino y un bocado de pan, sobre los cuales previamente se pronuncia la
bendición del Kidush o "Santificación" de la fiesta.
En Israel, tal como lo indica la Torá, es
día de fiesta (y por ende, también feriado nacional) el primer día de Sucot solamente;
en la Diáspora lo son los primeros dos. Los restantes días se denominan Jol Hamoed,
"día hábil (en medio ) de la fiesta": rigen también para ellos las normas de
la festividad (recitar ciertas plegarias especiales, habitar en la sucá etc.), pero son
hábiles en el sentido de que cada uno puede realizar en ellos su acostumbrado trabajo
cotidiano. Salvo el día shabat que caiga en alguno de esos días, se sobreentiende: éste
será doblemente festivo, por ser sábado, el día de reposo semanal, y al mismo tiempo,
uno de los días de Sucot.
Las cuatro especies: La Torá también
prescribe para la celebración de Sucot el uso de cuatro especies de plantas: "El
fruto del árbol hermoso, ramas de palmera, un ramo del árbol frondoso y sauces de
arroyo" (Vayicrá - Levítico 23.40).
Dilucidado en el Talmud que "fruto del
árbol hermoso" es el etrog o "cidra", un cítrico parecido al limón, y
que el "árbol frondoso" es el mirto, obtenemos con estos cuatro elementos - una
rama de palmera, dos de sauce, tres de mirto, unidas todas en un ramillete que se denomina
lulav, y acompañadas por el etrog - el conjunto de las cuatro especies o Arbaá Minim,
que tras de tomarlas en las dos manos y pronunciar sobre ellas una bendición especial, se
agitan en varias direcciones durante el recitado de algunas de las oraciones de esta
fiesta (con excepción del día de Sucot que caiga en sábado).
Y a pesar de que la presencia de estos
cuatro vegetales en el hogar o en la sinagoga sin duda obedece primordialmente al
carácter de Sucot como ``fiesta de la recolección" (Shemot - Exodo 23.16) con que
culmina la cosecha, también hubo quien quiso ver en estas cuatro especies una lección
moralizante. El etrog - así reza esta interpretación simbólica - es hermoso y tiene
buen aroma. La rama de mirto sólo tiene aroma; la de palmera, sólo es hermosa, y la del
sauce carece tanto de aroma como de belleza. Y sin embargo, se necesitan las cuatro
plantas juntas para el ramillete festivo de Sucot. Así también son los hijos de Israel,
nos sigue indicando esta glosa simbólica: algunos son estudiosos de la Torá y también
cumplen con todas las prescripciones de la misma. Otros sólo la estudian, pero no cumplen
tanto las mitzvot o "mandamientos". Otros cumplen estos últimos, pero no se
dedican mucho al estudio. Y hay quienes, finalmente, no se ocupan de lo uno ni de lo otro.
Pero todos - como las cuatro plantas en el ramillete de Sucot - pertenecen por igual al
pueblo judío, y son necesarios para su integridad.
Sucot también se denomina, por otro nombre,
Zemán Simjatenu, el "tiempo de nuestra alegría"; y como manifestación de
agradecimiento al Eterno por habérnosla brindado, en los siete días de la fiesta se
recita la plegaria de Halel o "Alabanza (a Dios)", compuesta por varios
capítulos tomados del Libro de los Salmos.