PURIM
Purim, que se festeja en marzo (y algunas veces, a fines de febrero),
recuerda un episodio que constituye una tragicomedia en la Historia del pueblo judío.
Tragicomedia de la cual los judíos, generalmente, preferimos olvidar la parte trágica, y
nos concentramos en celebrar con grandes festejos la parte de comedia y el "happy
end" o desenlace feliz con que termina.
La historia de Purim está relatada en los diez capítulos del Libro de
Ester, uno de los más tardíos que se integraron a la Biblia. Los hechos tuvieron lugar
en el antiguo reino de Persia (hoy Irán), principalmente en su capital de otrora Shushán
o Susa (ahora reducida a restos arqueológicos) v ocurrieron a mediados del siglo V a.C.,
vale decir, después de que en Jerusalén había sido destruido el Primer Templo, y
edificado ya el Segundo.
El nombre Purim es el plural hebreo de una voz persa, pur
("rifa" o "sorteo") y se lo menciona varias veces en el Libro de Ester
(3.7 y frecuentemente a fines del capítulo noveno), pero en ninguno otro de la Biblia.
Según su fecha en el calendario hebreo, Purim se celebra el día 14 de
Adar. Pero teniendo en cuenta que los judíos de Susa misma lo festejaron un día más
tarde, el día 15 (llamado por eso Shushán Purim), quedó establecido que los judíos de
aquellas ciudades que ya estaban rodeadas de murallas en tiempos de Josué, cuando los
hijos de Israel recién iniciaban la conquista de Tierra Santa, celebrasen Purim también
ellos el día 15 en vez del 14. En el Estado de Israel, hoy día esto se aplica
principalmente a su capital, Jerusalén.
Recordemos también lo que hemos visto al hablar del calendario hebreo:
que algunas veces el año judío cuenta con dos meses de Adar, cuando se agrega el
decimotercer mes del año embolismal. En tal caso, Purim se festeja en el segundo mes de
Adar, o Adar Sheni.
Mordejai y Ester: Entre los judíos que vivían en Susa, la capital del
extenso imperio persa de aquellos tiempos, también se hallaba Mordejai, un descendiente
de los cautivos que Nabucodonosor llevó al exilio todavía varios años antes de la
destrucción del Templo de Jerusalén. El nombre Mordejai nos indica que la familia ya se
había asimilado bastante a las costumbres locales, porque denota un claro parentesco
lingüístico con el ídolo babilónico Marduk que se adoraba por aquellas latitudes. Así
como también lo revela el nombre de Ester - que evoca a la antigua diosa Istar o Astarté
- la joven parienta de Mordejai; huérfana de padre y madre, cuya crianza y educación
habían quedado a cargo de éste. Y aunque previamente la muchacha había tenido un nombre
hebreo; Hadassá ("mirto"), éste quedó relegado al olvido desde que la joven
se presentó como candidata a esposa del rey persa, y posteriormente, cuando resultó
elegida como reina. "No declaró Ester (cuál era) su pueblo y su ascendencia, porque
Mordejai le había ordenado que no lo dijera" (Ester 2.10). Y si quería ocultar ante
todos que era judía, lo primero que había que disimular, por supuesto, era su nombre
hebreo...
El monarca persa de la historia de Purim es mencionado en la Biblia
como Ajashverosh - en español, Asuero - y algunos estudiosos modernos lo identifican con
Jerjes, que reinó en Persia por los años 485 - 465 a.C.
La acusación de Hamán: Hamán era un ministro importante en la corte
de Asuero, a quien todo el público rendía pleitesía cuando aparecía en el palacio, con
excepción de una sola persona: Mordejai, quien "no se arrodillaba ni se
prosternaba" (Ester 3.2). Probablemente esta conducta se debía al precepto bíblico
de no adorar dioses ajenos, que por supuesto también incluye la prohibición de
prosternarse ante hombres de carne y hueso.
Cuando Hamán averiguó que Mordejai era judío; decidió vengarse no
sólo de él, sino también de todos sus correligionarios. Y para convencer al rey de que
diera su visto bueno al plan de matanza colectiva de los judíos, lanzó contra ellos una
acusación que es típica de los antisemitas de todos los tiempos. Porque parte, como
veremos en seguida, de varias premisas que son ciertas, para convertirse de inmediato en
una calumnia que destila odio, mentiras y acusaciones falsas.
"Hay un pueblo, esparcido y disperso entre los pueblos, en todas
las provincias de tu reino" (Ester 3.8) - así comienza el ministro su alegato contra
los judíos, presentando un hecho a todas luces cierto. Y prosigue en ese mismo
versículo: "Y sus leyes son diferentes de las de todos los pueblos". Cierto
también: los judíos observan las normas de su religión, tan distintas, a veces , de las
costumbres de los otros países.
"Y las leyes del rey, no las cumplen". Aquí viene el gran
embuste: a pesar de tener sus propias normas religiosas, los judíos no dejan de cumplir
también con todas las leyes del país que les da albergue. Pero como consecuencia de este
presunto desacato por parte de ellos, prosigue Harán con la consecuencia lógica de su
falso razonamiento:
"Y al rey no le vale dejarlos (con vida)". Es decir que
conviene exterminarlos, para que este ejemplo de desobediencia civil no cunda también
entre círculos más amplios de la población.
Y como argumento decisivo para convencer al monarca, Hamán le promete
además una gran cantidad de monedas de plata, que está dispuesto a aportar a las arcas
reales.
El rey Asuero rehusa el dinero ofrecido, pero acepta agradecido la
oferta de Hamán, de organizar en el reino de Persia el exterminio masivo de ese grupo de
sediciosos.
Hamán hace una rifa o echa suertes para determinar la fecha del ataque
contra los judíos (y de ahí el nombre de Purim que Ileva la fiesta), pero más adelante
se desbaratan sus designios: en vez de Mordejai, colgarán al mismo Hamán y a sus diez
hijos de la horca que el ministro ya tenía preparada para su adversario; y en vez de
sucumbir los judíos del reino de Persia ante el ataque de sus enemigos, son éstos
quienes caen vencidos en la lucha, ante los judíos que se defienden.
Y a pesar de que en todo el Libro de Ester no se menciona ni una sola
vez el nombre de Dios en un momento dado, Mordejai incluso insinúa a Ester que si ella no
se moviliza en procura de ayuda, el socorro a los judíos llegará "de otro
sitio" (Ester 4.14), pero no dice "de Dios" - con todo, el texto deja
traslucir que es la mano divina la que maneja los acontecimientos, y que los lleva a
culminar con la salvación de la grey judía, que logra evitar, al final, el exterminio en
masa que la amenazaba.
La tragicomedia de Purim: Dijimos al comienzo que Purim es una
tragicomedia, de la cual los judíos preferimos celebrar el desenlace feliz.
La parte trágica de esta historia consiste en la posición endeble que
ocupa el judío que vive en la Diáspora, como minoría dispersa en medio de una gran
población distinta de él, y dependiente de la merced y tolerancia que ella le conceda...
o le niegue.
Tantas veces, en los siglos y milenios que duró nuestro exilio por el
mundo, no sólo el destino de judíos individuales sino el de colectividades enteras
dependía, como en el caso del decreto real de Asuero, de una firma que gobernantes
colocaban o rehusaban estampar contra ellos al pie de sentencias de muerte, de expulsión,
de expropiación o de conversión por la fuerza a otras religiones.
La serie quizás comenzó con ese monarca persa, siguió luego con
muchos casos más entre los que se destaca, por triste ejemplo, la orden de expulsión de
todos los judíos de España que los Reyes Católicos Fernando e Isabel firmaron (y
ejecutaron plenamente) en 1492, el año del descubrimiento de América, y culminó en el
siglo veinte con las leyes raciales que los nazis decretaron en Nuremberg en 1935, y que
derivaron después en los campos de concentración y de exterminio - Auschwitz, Treblinka,
Maidanek y todos los demás - como sucesivos eslabones del Holocausto que Ilevó en Europa
al asesinato en masa de una tercera parte de nuestro pueblo.
A pesar de que en la tradición judía el status religioso de Purim es
parecido al de Janucá - las dos fiestas no están prescritas en la Torá sino que datan
de épocas posteriores, y por eso no son días de reposo obligatorio; en ambas se agrega
en la oración de Shemoné Esré o Amidá un capítulo especial que empieza con las
palabras Al hanisim, "Por los milagros (te agradecemos, oh Dios)"; y hay otros
elementos paralelos más - a pesar de todo esto, nótese la enorme diferencia que hay
entre Janucá, cuando los judíos lucharon a brazo armado aquí en Tierra Santa contra el
invasor griego por salvaguardar su religión (y obtuvieron además su independencia, como
vimos en el capítulo dedicado a esta fiesta), y por otra parte Purim, donde establecido
ya el día de su aniquilación colectiva como resultado de un sorteo, una minoría de
judíos exiliados en tierra extranjera a duras penas consiguieron salvarse del pogrom al
que ya estaban destinados, porque su correligionaria Ester logró convencer a tiempo al
marido, el rey Asuero, que siquiera se les permitiese defenderse de quienes los atacaran.
Purim, en ese sentido, nos recuerda la constante incertidumbre e
inseguridad en que vive el judío de la Diáspora, zozobra que fue inevitable en los dos
mil años que duró nuestro segundo exilio, pero que se tornó voluntaria desde 1948 en
adelante, cuando gran parte del pueblo judío - con excepción de nuestros hermanos de
detrás de la Cortina de Hierro, que están retenidos por la fuerza en Rusia y en otros
países comunistas ya tiene la posibilidad de ponerle fin a esa situación tambaleante, si
decide retornar a Israel, su patria ancestral.
Inclxso de los Estados Unidos, donde vive el mayor núcleo de judíos
del mundo actual - pero disperso entre muchos millones de norteamericanos - se cuenta que
en ocasión de unas elecciones habidas allí hace algunos lustros, cuando miles de
ciudadanos vitoreaban alegremente a su candidato con el eslogan de "I like
Ike"(*), los judíos, a sotto voce, más bien se preguntaban: "Does Ike like
me?"(**)
(*) "Me gusta Ike", apodo del general Dwight Eisenhower que
fue elegido Presidente en 1953.
(**) "¿Le gusto yo a Ike?"
La celebración de Purim: E1 día anterior a Purim, o sea el 13 de
Adar, se conmemora con un ayuno menor el hecho de que en su momento, también Ester,
Mordejai y todos los judíos de Susa ayunaron durante tres días (según Ester 4.15-17)
antes de que la reina emprendiese los primeros pasos destinados a salvar a los judíos de
la destrucción que había decretado contra ellos el ministro Hamán. Ayuno que suele
llamarse Taanit (o: tzom Ester, "Ayuno de Ester". Y menor, porque sólo se
aplica durante las horas diurnas, desde la salida del sol hasta la puesta del mismo (y no
es de 24 horas, como ya vimos en Iom Kipur y volveremos a ver cuando hablemos de Tishá
Beav, el "Nueve de Ab"). Si cae sábado, este ayuno se anticipa al jueves que le
precede, o sea, al día 11 de Adar.
Llegado Purim, se lee dos veces el Libro de Ester, también llamado
Meguilat Ester, "Rollo de Ester", porque el texto que se recita delante del
público en la sinagoga no es el de un libro impreso, sino de un rollo del pergamino con
letras manuscritas, como los rollos de la Torá, pero evidentemente de tamaño mucho menor
que éstos. Una vez se lo lee por la noche, y la segunda, por la mañana siguiente, y se
lo entona con una melodía especial. Cada vez que, a lo largo de la lectura, el encargado
de la misma menciona el nombre de Hamán, los fieles en la sinagoga - y principalmente los
niños - suelen expresar su protesta contra este ministro antisemita mediante
manifestaciones ruidosas de diversa índole: golpeando con los pies en el suelo, o con las
manos en el pupitre, revolviendo matracas o bien disparando "tiros" con pistolas
de juguete. Acompañan esa lectura varias bendiciones e himnos especiales de la fecha; y
además se recitan, respectivamente, las plegarias vespertina y matutina habituales de
todos los días.
En la oración de Shemoné Esré o Amidá, como ya dijimos, se agrega
una evocación histórica de Purim que comienza con las palabras A1 hanisim, "Por los
milagros". De la Torá se lee por la mañana un breve párrafo tomado de Shemot -
Exodo 17.8 ss.,que cuenta cómo los nómades del pueblo de Amalek atacaron por la espalda
a los hijos de Israel poco después de la salida de Egipto. La vinculación de este
episodio con la historia de Purim radica en el hecho de que la tradición judía relaciona
a Hamán, el ministro antisemita del rey Asuero, con el linaje de los amalecitas,
afirmando que él descendía de esa tribu.
Una costumbre típica de Purim, ya indicada en el mismo libro de Ester
(9.19) es el así llamado Mishlóaj manot (ish lere'éhuJ, "Envío de manjares (cada
uno a su prójimo)". Unas a otras, las diversas familias se envían diferentes
platos, generalmente de cosas dulces (pasteles y parecidos), entre los que se destaca uno
característico de Purim, Oznei Hamán ("orejas de Hamán"), unas empanadas
dulces de forma triangular. Entre los judíos ashkenazitas también se las suele denominar
Kréplaj cuando van rellenas de queso blanco, de verduras o de carne picada. Portadores de
estos obsequios culinarios suelen ser los niños de cada familia.
Otra tradición de Purim es la de Matanot 1a-evionim, "obsequios
para los pobres", destinada a que también éstos puedan celebrar la fiesta con
alegría. Los regalos pueden consistir en comestibles, o bien directamente en dinero, que
suele llamarse Maot Purim, "dinero de Purim ".
Todas estas costumbres están animadas por el propósito de celebrar
Purim como "día de banquete y de alegría" (tal cual ya lo indica el mismo
Libro de Ester en 9.17), para todos sin excepción, así sean ricos o pobres. Pero no es
sólo esto, lo gastronómico.
Purim también va asociado al así llamado Purimshpil, el "Juego
(o representación) de Purim ", en el cual, a partir de la Edad Media, solían
representarse ante el público diversos episodios de la historia de Purim, como por
ejemplo el ajusticiamiento de Hamán mediante un muñeco que llevaba inscrito este nombre
y que era colgado de una horca, o quemado.
Estas representaciones fueron ampliándose con el correr del tiempo,
también se las acompañó de canciones alusivas y con músicos que tocaban en sus
instrumentos las melodías adecuadas; y todo esto constituiría, más adelante, el
fundamento sobre el cual fue estructurado el ulterior teatro judío, por una parte, y la
música judía en su expresión moderna, por la otra.
Asimismo, se vincula con Purim la costumbre de disfrazarse en esta
fecha, (por influencia, también, del Carnaval de los cristianos, que cae por la misma
época del año). Primero, para representar a Mordejai, Ester, el rey Asuero, Hamán y a
otros personajes de la historia de esta fiesta; y más adelante, con disfraces de
cualquier otra índole.
Hoy en día, tanto en Israel como en la Diáspora, la celebración de
Purim fuera de nuestras sinagogas hace recordar, en diversos aspectos, al Carnaval del
mundo cristiano: bailes de disfraz, grandes orquestas, concursos de máscaras, elección
de reinas de la belleza ("Reina Ester", "Reina Judit" y sus
respectivas damas de la corte), y muchos otros detalles más.
En el Estado de Israel, durante un tiempo, solían recorrer las calles
de algunas ciudades desfiles de disfraces y alegres comparsas, festejo que se dio en
llamar Adloiadá, "Hasta que no sepa", nombre tomado de una disposición
talmúdica que por única excepción en el año permite al judío tomar vino en Purim
"hasta que no sepa" distinguir entre Mordejai y Hamán, es decir, hasta
emborracharse.
Ultimamente, empero, debido a las guerras que sobrevinieron en Israel
una y otra vez, y por respeto a las familias que la muerte de sus hijos en el frente dejó
enlutadas para siempre, se moderó esta costumbre de los desfiles de disfraz del Adloiadá
por las calles, y su celebración se volvió tan sólo esporádica.
En Israel, para Purim, suelen disfrazarse no sólo los niños sino
también los mayores, y podríamos dejar a cargo de los psicólogos la explicación de lo
que un disfraz significa para su portador: un evadirse de la rutina cotidiana, la
aspiración íntima de llegar a ser en la vida algo diferente de lo que uno es, etc.
Pero en medio de todos estos alborozados festejos de Purim, con sus
banquetes, disfraces, concursos de máscaras y desfiles, no olvidemos que en esencia
solamente expresamos con todo esto el desahogo de un pueblo que ya estaba condenado a
muerte, y que de un modo milagroso logró zafarse a último momento de la fatal sentencia.
¡Mucho mejor sería evitarnos en el futuro situaciones en que condenas
semejantes puedan repetirse!