LAG BAOMER
Ya dijimos brevemente, al hablar del carácter agrícola de Pésaj, que
a partir de esta fiesta se iniciaba una cuenta de cuarenta y nueve días - siete semanas -
hasta llegar, el día cincuenta, a la celebración de Shavuot.
Los textos respectivos no están del todo claros en la Biblia, a
diferencia de las otras fiestas para las cuales hay instrucciones y fechas precisas. Allí
dice al respecto: "Y contaréis desde el día siguiente al reposo (shabat en hebreo),
desde el día en que ofrendáis el ómer... siete semanas completas han de ser"
(Vayicrá - Levítico 23.15). El Talmud define el "día siguiente al reposo"
como el que viene después del feriado inicial de Pésaj, vale decir, que esta cuenta debe
empezar el segundo día de Pésaj, cuando en Israel empieza la serie de Jol Hamoed, los
"días hábiles en medio de la fiesta" (análogos a los que ya vimos al hablar
de Sucot). Para los judíos de la Diáspora, en cambio, que celebran como feriado también
este segundo día, la "cuenta del ómer" o Sefirat Haómer comienza en la misma
noche en que festejan el segundo Séder en sus hogares.
Pero a lo largo de la Historia judía hubo algunas sectas que
interpretaban la definición del shabat-reposo literalmente como el día sábado que se
presenta una vez durante la semana de Pésaj, sí fuera el primer día de la fiesta, o
cualquier otro. De este modo para ellos variaba la distancia que separaba a Shavuot -
siete semanas después de la fiesta de Pésaj, pero en cambio se presentaba una constante
de otra índole: como el "día siguiente al shabat - sábado" era un domingo,
resultaba que en el calendario de estas sectas - los saduceos, los caraítas - Shavuot
siempre caía un domingo, siete semanas más tarde. Criterio que, como dijimos, la gran
mayoría del pueblo judío siempre rechazó.
Ya dijimos, al hablar de Pésaj, que el ómer era una medida de
capacidad de unos cuatro litros, que se usaba para los cereales; y después de la ofrenda
de un ómer de cebada de la nueva cosecha en el Templo, quedaba permitido comer de los
frutos de esa nueva cosecha. Y se iniciaba Sefirat Haómer, la "cuenta del
ómer" durante siete semanas, hasta culminar, en Shavuot, con la "Fiesta de las
Primicias". Hasta el día de hoy, entre Pésaj y Shavuot, se lleva esta cuenta en un
momento de la plegaria de la noche, mediante un texto especial y unas bendiciones que se
intercalan en la oración vespertina.
Este período del ómer, que como vemos, en un principio guardaba un
carácter principalmente agrícola, en tiempos muy posteriores (ya en la era común: a
comienzos del siglo II) se tornó en época de luto.
El Talmud cuenta que ello se debe a una epidemia que diezmó a muchos
miles de alumnos de Rabí Akibá, un sabio de aquellos tiempos. Pero lo cierto parece
haber sido que estos alumnos, alentados por su maestro, y bajo la conducción militar de
un guerrero Ilamado Bar Kojbá, promovieron en el año 132 e.c. una rebelión contra los
romanos que ocupaban el país; movimiento que tras de algunos éxitos iniciales (que se
celebran en Lag Baómer, como pronto veremos), acabó con una gran derrota y la
consiguiente masacre que el general romano Julio Severo, enviado por el emperador Adriano,
ejecutó con los judíos rebeldes, después de vencerlos pocos años después. No
olvidemos que el término hebreo maguefá no sólo significa "epidemia" sino
también, al mismo tiempo, puede denotar una "derrota militar".
Y taI como ya lo comentamos al hablar de la fiesta de Janucá, nuestros
sabios del Talmud quisieron evitar en el texto de este libro toda mención de rebeliones
judías contra extranjeros invasores, porque ellos mismos estaban sufriendo pesadamente el
yugo de los romanos, y también temían las eventuales delaciones de espías que llegasen
a leer esos relatos.
Así, entonces, los días del ómer posteriores a Pésaj se
convirtieron en una época de luto: no se realizan casamientos (que evidentemente
involucran alegría), muchos judíos se dejan crecer la barba y el pelo (como en tiempos
de duelo por el fallecimiento de un familiar), y se evita cualquier acontecimiento
auspicioso de aquéllos que obligarían a pronunciar la bendición de Shehejeiánu (que ya
vimos en el capítulo dedicado a Rosh Hashaná): el estreno de ropas nuevas, de un nuevo
coche, de una vivienda, etc.
Excepción a estas reglas de luto es el día de Lag Baómer (0 33 del
ómer), en el cual, por eso, suele concentrarse la realización de muchos casamientos que
quedaron "paralizados" por el luto. Y en menor grado, también el día de Rosh
Jódesh o principio de mes, que cae en la época de la "cuenta del ómer". Desde
1948 en adelante, por disposición de las altas autoridades rabínicas de Israel, se
considera que también Iom Ha-Atzmaut, el Día de la Independencia del Estado de Israel,
es día de fiesta que interrumpe algunas de las normas de este duelo.
Lag Baómer: Así se llama el día 33 de la cuenta del ómer, que cae
el 18 de Iyar (generalmente en mayo). Fecha que, como dijimos, interrumpe el luto de la
época del ómer (según el uso ashkenazí) o que le pone fin (según la costumbre
sefaradí).
La partícula Lag de este nombre se compone de las letras lamed (que
vale 30) y guimel (que indica 3), unidas por la vocal a. Del uso de las letras hebreas
para denotar números, ya se habló en el capítulo dedicado a Tu Bishevat.
Se considera a Lag Baómer un poco como día de fiesta: en él se
bendicen todos los casamientos que el luto de la época del ómer impidió concertar
anteriormente; los niños en Israel suelen prender por la noche grandes hogueras con
maderas y cartones que venían juntando con ese propósito desde unos días antes; y en
algunos sitios de la Diáspora, jóvenes judíos solían ir a ejercitar el uso de arcos y
flechas en los bosques de los alrededores.
Y todo esto ¿por qué? El Talmud cuenta que en Lag Baómer dejaron de
morir los alumnos del ya mencionado Rabí Akibá.
Los judíos aficionados a la Cabalá - una doctrina esotérica del
judaísmo.- sostienen que es la fecha en que falleció Rabí Simón Bar Iojai, un
contemporáneo y alumno de Rabí Akibá, y presunto autor del libro místico Zóhar
("Brillo"), uno de los textos básicos de esa doctrina. Rabí Simón habría
enseñado a sus alumnos que el día en que él muriera, no debería ser recordado con
Ilanto y luto, sino evocado con cantos, bailes y alegría. El falleció en Lag Baómer, y
entonces esta indicación del maestro se sigue cumpliendo hasta hoy con la Hiktlá o
festejo de Rabí Simón Bar Iojai, que reúne a miles de judíos en torno a su tumba,
ubicada en Merón, en la zona montañosa vecina a la ciudad de Tzefat o Safed, en la
Galilea.
Pero la verdadera razón de ser de Lag Baómer sigue envuelta en las
nebulosas del misterio. La afirmación talmúdica de que en esa fecha dejaron de morir los
alumnos de Rabí Akibá, quizás lo vincula, como la época de luto, con la rebelión de
estos jóvenes contra el invasor romano. Lag Baómer habría sido - según algunos - algo
análogo al Janucá de tres siglos antes: el día en que las fuerzas de Bar Kojbá,
engrosadas por esos alumnos de Rabí Akibá, lograron expulsar a los romanos siquiera
transitoriamente de Jerusalén, y apoderarse de la ciudad (cuyo Templo ya había sido
quemado por el romano Tito unas seis décadas antes). O como el moderno "Día de
Jerusalén" que todavía veremos más adelante.
Sólo que la permanencia de Bar Kojbá y de sus tropas en Jerusalén y
en algún otro territorio de Judea fue muy fugaz. Es cierto que nos quedaron hasta hoy,
como restos arqueológicas, algunas monedas antiguas con inscripciones alusivas y hasta
cartas autógrafas de Bar Kojbá que se han encontrado últimamente, y que se hallan
expuestas en algunos museos de Israel. Pero a todo este episodio de la rebelión que
posteriormente fracasó, nuestros sabios del Talmud prefirieron ocultarlo detrás de una
cortina de humo, tal como lo hicieron también con Janucá.
Y si bien Rabí Akibá honró al adalid militar con el nombre de Bar
Kojbá ("Hijo de la Estrella") haciendo alusión a un pasaje bíblico donde
leemos que "despuntó una estrella de Jacob" (Bamidbar Números 24.17), otros
rabinos contemporáneos suyos prefirieron llamarlo por su nombre natural, Bar Kosiba
("hijo del pueblo Kosiba"), o incluso por uno denigrante, Bar Koseba, "hijo
del engaño", porque encabezó un movimiento utópico que culminó con una cruel
matanza de judíos.
Pero el pueblo judío no deja de llamarlo con orgullo Simón Bar Kojba,
así como deja de festejar hasta hoy el día de Lag Baómer ... aunque no se sepa a
ciencia cierta el motivo exacto de la celebración.