Prepararte, ¿para qué?

Para muchas cosas; y la intención es ayudarte en el recorrido de descubrir ésta y otras preguntas que puedas llegar a formularte, o que acaso alguien, quizás tu mismo, te plantees.

Ya que, sirva como primera respuesta, te preparas para saber tú mismo, y para colaborar positivamente en la vida de otros.

Es la preparación lo que permite marcar este cumpleaños como un momento realmente distinto a cualquier otro que hayas vivido o puedas vivir, y es lo que en verdad lo señala como un hito en tu vida como ser humano y como ser judío.

Te preparas, porque tu papel en el Mundo está por modificarse, y es que para tu gran familia judía a partir de la Bar Mitzvá te conviertes en una persona mayor.

Exactamente, una persona mayor.  

¿Esto quiere decir: permiso de conducir automóviles, de hacer lo que te plazca cuando quieras, de hacerte cargo de mantenerte y formar una familia, en fin, de hacer todo lo que se supone hace la gente adulta?

Más bien significa que a partir de esta fecha todas las responsabilidades que posee un judío adulto también son las tuyas, y que a todos los derechos que poseías como niño, hay que sumarle ahora los inherentes a una persona mayor.

Resumidamente, expresa que serás tomado en cuenta como uno más entre los hombres de la Casa de Israel para integrar el minián, uno que, como judío digno, participa junto a otros hermanos de la familia judía en el desarrollo de las actividades de la comunidad.

Un ser humano que tiene su valor único y especial, no sólo por vivir y ser Hombre, sino porque él mismo se concede valor cuando actúa en beneficio de todo lo que existe en este Mundo que D-s creó para dejárnoslo a nosotros en préstamo.

Mayor no quiere decir más viejo, sino, entre otras cosas, más responsable. Responsable es estar en la difícil posición de tener que elegir entre lo que es bueno y lo que es malo. Y responsable es una persona en la que se puede confiar, una persona solidaria, una persona que actúa con la mayor sabiduría posible para él.

Responsable es ser una persona consciente, madura, respetuosa y que desde su lugar, único y propio, aporta  auténticamente a su vida y a la de todos sus semejantes.

La Responsabilidad no es juego de niños, y nadie espera que tu dejes de un día para el otro las facilidades que da la niñez para transformarte mágicamente en un luchador por la Justicia, el Bien y la Verdad, pero, debes saber, a partir de la Bar Mitzvá no hay vuelta atrás, y debes saber, todos nosotros, hagamos o no hagamos fiesta o aun ceremonia religiosa, cuando traspasamos la frontera de los trece años (de acuerdo al calendario hebreo que es bastante diferente del calendario gregoriano que es el que utilizamos habitualmente) ya somos Bar Mitzvá.

Es como lo que leemos en la Torá le ocurrió a nuestro patriarca (muy antiguo tatarabuelo de todos nosotros) Yaakov (Jacobo), a cada paso que daba una nueva prueba le enfrentaba.

¿Y por qué ocurría esto?

Porque nuestro patriarca tenía el coraje de dar pasos. Si el hubiera preferido estar quieto, quedarse como una estatua, es probable que su vida hubiera sido más cómoda y tranquila, sin duras pruebas que sortear y nunca hubiera crecido hasta convertirse en la figura reconocida mundialmente que es hoy día, miles de años después de haber desaparecido físicamente, y jamás hubiera nacido un joven que como tú está listo a ser Bar Mitzvá.

De no ser por el indudable valor de nuestro ancestro, y su responsabilidad de enfrentar las adversidades, y de las caídas tomar impulso para crecer, el pueblo judío seguramente no hubiera existido

El patriarca caminaba y crecía, muchas veces cayó en pozos, pero se levantaba y continuaba andando. Esa es la ley de la vida.

 


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