Entre los siglos 7 y 10 floreció en Europa
Oriental un grupo nacional turco soberano, conocido como el de los cúzares, o cuzaris. En
740 E.C. los líderes del reino cuzarí abrazaron la religión judía; su relación con
los caraítas y rabanaístas ha sido recientemente descubierta en archivos de antiguas
sinagogas.Las expulsiones de judíos fueron precedidas por persecuciones e intentos de
convertirlos al cristianismo. En 1290, aproximadamente, 16.000 de ellos fueron echados de
Inglaterra; sus descendientes retornaron allí sólo en el siglo 17; en 1306 fueron
expulsados de Francia.
Como resultado de la migración de las sufrientes juderías de Europa Occidental y
Central, comenzaron a crecer rápidamente las comunidades de Europa Oriental, donde los
gobernantes no se opusieron a su ingreso debido a la gran escasez de pobladores.
Los inmigrantes se integraron especialmente a las esferas relacionadas con la actividad
económica, naturalmente como prestamistas pero también en otras ramas del comercio y del
artesanado. En las zonas en las cuales estaba permitido se dedicaron también a la
agricultura.
Los no judíos de las clases superiores se sirvieron de sus conexiones internacionales,
particularmente en las finanzas, para el comercio y la industria. En la vida judía la
educación estaba en el centro de las actividades. Se crearon decenas de ieshivot
(seminarios rabínicos de estudios superiores), que produjeron miles de distinguidos
eruditos. Gran proporción de las obras mayores, estudiadas hoy día en la literatura
rabínica, se dieron en Europa Oriental, entre los siglos 16 y 19.
Las comunidades gozaban de cierta autonomía y, mediados del siglo 16, alcanzaron la
culminación de su organización interna, con el establecimiento del Consejo de Países.
Era un organismo que gobernaba a los judíos de Polonia y Lituania, integrado por
delegados de todas las comunidades destacadas. El Consejo se reunía habitualmente dos
veces por año, durante las más importantes ferias comerciales. Fijaba impuestos,
resolvía disputas entre comunidades o individuos y, en general, supervisaba la vida
comunitaria de toda la región. En el siglo 17 los judíos quedaron aprisionados entre las
fuerzas rivales del gobierno polaco, y los cosacos.
Los últimos, al mando dé Bogdan Jmielnicki, perpetraron pogroms en contra de los judíos
(1648-49) que no tuvieron precedentes por su depravación y barbarie. Miles fueron
torturados y degollados con cuchillos de carnicero en las sinagogas; comunidades enteras
fueron devastadas en esta ola de terror y las masas judías de Europa Oriental cayeron en
la desesperación.